La ninfa de la espuma de mar.

Y como se cumple lo que se promete este es el cuentó del que os hablé.

En una playa de arenas blancas vivía una familia, la familia Telerín. Esta familia tenía dos niñas, un papá y una mamá. Mientras Telerete, la hija mayor, desayunaba, la pequeña Telerina ya había bajado ya a la playa para hacer la recogida diaria de conchas para su colección. Esa noche la marea había traido muchas conchas a la orilla y Telerina tenía ya la cesta llena.

Caracola Entonces Telerina se fijó en una caracola de un tamaño superior a lo habitual. La pequeña la cogío y se la colocó en la oreja, pero en lugar de escuchar el mar, cuál fué su sorpresa cuando una suave vocecita le susurró: No te asustes pequeña, necesito tu ayuda.

Imagínate qué susto al oir estas palabras. Telerina preguntó: ¿Quién eres? ¿Qué quieres?.

Soy una ninfa de la espuma de mar – respondió – Estaba jugando cerca de la orilla y he perdido mi collar. Si no lo encuentro antes de que vuelva a subir la marea me disolveré y me convertiré en espuma.

Entre el asombro y la preocupación, la niña decidió ayudar a aquel extraño ser, mitad hada, mitad sirena que le explicó que el collar estaba formado por cuentas de arena y perlas unidas por un hilo de coral azul, muy flexible y resistente. Después de un rato, no encontraban el collar y la marea ya había comenzado a subir. Un halo de preocupación ensombrecía la cara de la niña y de la ninfa. Caracola

Como Telerina tardaba mucho en volver a casa, Mamá Telerín, Papá Telerín y Telerete fueron a buscar a la pequeña, a la que encontraron muy nerviosa en la playa. La ninfa le dijo que le contara a su familia todo lo sucedido y así lo hizo.

Ninfa de espuma de mar Al poco tiempo Telerete, levantó una pequeña tabla de madera, debajo de la cual había un cangrejo con un precioso collar. Era el collar perdido. Una sensación de alivio envolvió a los buscadores del collar. La ninfa agredeció a todos su ayuda pero tenía que irse muy deprisa, antes de la pleamar. Se despidió de todos y prometió volver a la playa a día siguiente.

Así, volvieron todos a casa, llevándose al cangrejo ladrón, que dío un extraordinario gusto a la paella.

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